Destacada

El Alma Universal

-(Cuarta parte 4/6-

 

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Tesis filosófico-metafísica del origen del Universo

Germán Bravo

En primer lugar, diremos que la Tesis filosófico-metafísica del origen del Universo sostiene que el Universo no fue creado por ningún dios antropomórfico, sino que el mismo es consecuencia de un proceso natural denominado Emanación, dirigido por una Inteligencia Suprema, conocida a través de la historia como Espíritu Universal o Substancia Única, que es lo único que existe y que no es ningún hombre y que no está sujeto al espacio ni al tiempo.

Bien, expongamos. Al contrario de la Teoría del Big Bang, partiremos de cero porque aún no existe nada material ni aun el espacio ni el tiempo; lo único que existe es el Espíritu Universal, el cual tampoco está ubicado en ningún lugar, y que es esa Fuerza Magnética de la cual se originó todo lo que existe en el infinito Universo, porque todo es magnetismo espiritual, tal como lo sostiene el maestro Joaquín Trincado.

Esta Fenomenología del Espíritu (utilizando la terminología hegeliana) se va a manifestar mediante tres emanaciones o hipóstasis. La primera, parte de un punto infinitamente pequeño que representa a la Fuerza Magnética que se va a expandir a sí misma para generar “otra” fuerza idéntica a ella, conformando una esfera, conocida como “La Esfera Sagrada”. Esta expansión está simbolizada en que el Espíritu Universal saca de su propio ser partículas divinas ab y coeternas, conocidas como los espíritus “particulares” (humanos, naturales y elementales). Esta expansión no es a la que refiere el Big Bang, ya que todavía no se ha producido el Universo y, por ende, ni la materia ni el espacio ni el tiempo. Esta idea de expansión del Espíritu la encontramos en casi todas las culturas del mundo, consistente en que el Espíritu emanó partículas o chispas divinas de su propio ser.

Producida esta primera emanación, donde todavía no existe el Universo; de seguida se produce la segunda, que es la que va a dar lugar a la existencia del Universo, a la materia, al espacio y al tiempo, los cuales surgen como consecuencia de la repulsión que producen estas dos fuerzas iguales (Por leyes del magnetismo, polos iguales se repelen).

Al producirse esta repulsión se origina un gran movimiento rítmico de flujo y reflujo (Principio hermético del Ritmo) constituido por una energía o materia sutil y elástica, que es el Éter o Alma Universal. Al respecto, el maestro Joaquín Trincado dice figuradamente: “El autor de la creación, ha llenado el infinito de la sustancia única que es el Éter; éste, es la vibración constante suya que es vida universal y el Éter todo lo llena y vivifica … ” (El Espiritismo en su Asiento, Lo que Abarca el Espiritismo, p. 37, Párr. 2do.).

Simultáneamente con el Éter (movimiento energético) surge el espacio y el tiempo (Tal como lo sostiene el Físico Michio Kaku); ya que como movimiento-materia que es, tiene que estar ubicada en un espacio; y como todo esto ocurrió en un determinado momento, nació el tiempo, que no es más que el estado pausado de la eternidad. Así fue como nació el Universo, pero sin ninguna explosión, porque lo que sucedió fue una gran repulsión magnética de dos fuerzas iguales, caracterizada por un movimiento rítmico de flujo y reflujo que se expandió en el espacio infinito por él creado de manera simultánea. Este movimiento (energía o materia) no es más que el Éter o Alma Universal, el cual se caracteriza porque su esencia es el Espíritu; es decir, que El Espíritu está dentro de él. Esto, en la Geometría Sagrada, se conoce como “La Vésica de Piscis” y es lo que ha permitido que se denomine al Éter como “Éter luminífero”, porque lleva dentro de sí la Luz Divina y está en todas las partes del infinito Universo.

De esta segunda emanación fue que surgió la concepción del Mundo denominada Panteísmo, que significa: “Dios está en todas partes”. Este es el Dios de Albert Einstein. Al respecto, veamos las opiniones de los dos grandes maestros del Espiritismo:

Joaquín Trincado:

“Si quisiéramos ver ambas entidades separadas (Espíritu-Alma) nos sería imposible porque nos encontraríamos que todo donde examináramos, veríamos el Éter llenándolo todo, y quiera y no, el espíritu dentro de él. (El Espiritismo Estudiado, Todo el Progreso es el Espiritismo, p. 101, Párr. 15).

“¡Y busca el hombre al Creador, su causa, fuera de sí mismo, radicando en él EN PARTE Y POR ENTERO! (…) El Creador vive en sí mismo en todo el Universo …” (Conócete a ti Mismo, Naturaleza del Espíritu, p. 67).

“Nosotros hemos adoptado para nuestra proclama, “La ley es una; la substancia una” y William Crookes dice: `Sólo una substancia existe` y la denominó Pantógeno, concordando con Panteísmo.” (Filosofía Austera Racional, p. 478).

“Sin esas formas no conoceréis al Padre Eloí que dentro de cada uno está, (…) ESTÁ EN TODAS PARTES.” (El Espiritismo en su Asiento, Capítulo II, Lo que Abarca el Espiritismo, p. 38, Párr. 3ro.).

Allan Kardec:

“DIOS ESTÁ EN TODAS PARTES (…) Los hombres en su actual estado de inferioridad, difícilmente pueden comprender a Dios infinito. (…) Representémoslo bajo la forma concreta de un fluido inteligente que llena el universo infinito y penetra todas las partes de la creación. Dios está en todas partes y todo lo ocupa.” (Extractado de sus obras: El Libro de los Espíritus, parágrafos 1 al 13; El Génesis, páginas 55-69 y Obras Póstumas, Parágrafo 01).

Bien, ya tenemos que ha surgido el Universo lleno de Éter-Espíritu; pero aún no existe ningún cuerpo celeste ni ninguna forma material y todo está en completa oscuridad. Al respecto dice el maestro Trincado: “¡Sí, ha existido ese momento en que el infinito era ese lagar de Éter y Espíritu inseparables en el que aún no había formas y existía la vida!” (El Espiritismo Estudiado, Todo el Progreso es el Espiritismo, p. 102, Párr. 17). A este estado sombrío del Universo, las religiones lo denominaron “La Nada”, “El Caos”, del cual, según ellas, un Ente externo o Dios creó todas las cosas.

Ahora veamos la tercera hipóstasis o emanación.

En virtud que el Éter o Alma Universal está constituido por partículas o corpúsculos subatómicos, conocidos por la Física como iones, quarks, hadrones, mesones, neutrones, positrones, fotones, electrones, etc., estas partículas, por la acción de la Inteligencia Suprema y de los espíritus naturales y elementales, se fueron uniendo para en el transcurso de los siglos dar lugar a los átomos, luego a las moléculas y, finalmente, al primer cuerpo celeste que fue un Sol. Al respecto dice el maestro Trincado: “… todos los mundos que han pasado, los que existen y los que después serán, proceden todos de un mundo primero, como aquel primero, de la substancia cósmica y única: el Éter. (…) Nuestro mundo procede del Sol, (…) como el Sol tiene otro progenitor y aquel otro y así hasta el Centro de las vibraciones…”. (Conócete a ti Mismo, El mundo en su función, hasta fijarse en su órbita, p. 113, Párr. 4 y 5).

Posteriormente, los soles emanaron de su propio seno la materia ígnea necesaria para dar origen a los planetas que integrarán sus sistemas (Quizá de aquí fue que partió la Teoría del Big Bang). Más tarde, estos sistemas solares pasaron a organizarse en galaxias y luego comenzaría a surgir la vida orgánica en los planetas. Esta última fase representa la tercera hipóstasis o emanación, surgida de la Energía Éter, sobre la cual Albert Einstein sentó: “La Energía es igual a la masa, multiplicada por el cuadrado de la velocidad de la luz” (E=mC2). Así fue cómo surgió el Universo del Espíritu Universal o Substancia Única. Esta es la sagrada Trinidad que en sí representa LO UNO. (Próxima Entrega: Estructura del Alma Universal)

El Alma Universal

-Sexta entrega 6/6-

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Germán Bravo

 

Imágenes de la Emanación en la Geometría Sagrada

 

PRIMERA EMANACIÓN

 Emanación de los espíritus particulares

(Esfera Sagrada)

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La esfera representa al Espíritu Universal particularizando a los espíritus, representados en las estrellitas. Al respecto dice la sabiduría antigua (y aun la moderna): El Padre emana chispas divinas de su propio Ser, conocidas como Eones, Fotones o Espíritus.

 

SEGUNDA EMANACIÓN

 Emanación del Éter o Alma Universal

 

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El Espíritu Universal (esfera de abajo) emana al Éter o Alma Universal (esfera de arriba). La intersección entre ambas esferas representa a la Vésica de Piscis; es decir la presencia de la Luz o Espíritu Universal dentro del Éter; de allí que se le denomine “Éter luminífero”.

 

TERCERA EMANACIÓN

 Emanación de la Materia densa

(Tríada Sagrada)

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La imagen representa a todo el proceso de la Emanación. Simboliza el sagrado número Tres, representado en el Espíritu Universal (esfera superior); al Éter o Alma Universal (esfera de la izquierda) y a la materia densa (esfera de la derecha). Obsérvese que las tres esferas están interconectadas, lo cual simboliza la UNIDAD

 

IMAGEN QUE SINTETIZA EL PROCESO DE EMANACIÓN

(El huevo de la vida)

 

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Esta imagen es denomina “El Huevo de la Vida”, la cual encierra la génesis del Universo, más los cuatro elementos, como son el agua, la tierra, el aire y el fuego. La misma encierra en sí varias figuras geométricas, pero resaltaremos tres de ellas por ser las más relevantes a nuestro objetivo.

  

SÍMBOLO DE LOS REFLEJOS

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Este símbolo, constituido por dos triángulos entrelazados, uno que apunta hacia arriba y, el otro, que apunta hacia abajo, dice mudamente: “Como es arriba es abajo”.

          Respecto a este símbolo, dice el maestro Joaquín Trincado: “Si los hombres fueran más intelectuales para poder ser más sabios entenderían la gran Ley Cabalista de los reflejos, que representa la Unidad de los contrarios en el proceso de la Creación (Emanación): como es arriba es abajo, representado en dos triángulos enlazados, formando la estrella de seis puntas, que dice mudamente ´Lo que hay arriba hay abajo´”  (El Espiritismo Estudiado, Cómo se Forma el Espiritismo, p. 19, Párr. 2do.).

Todo lo que existe del Creador abajo es espíritu de su espíritu y nada hay sin espíritu en común porque el Éter, única sustancia que existe, es Espíritu Universal, como pensamiento eterno del Creador”. (Los Extremos se Tocan, N° 689).  Finalmente, presentamos la magna imagen del Cubo de Metatrón, la cual sintetiza gráficamente todo el proceso de la Emanación.

 

EL CUBO DE METATRÓN

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Esta imagen condensa toda la sabiduría de la Creación (proceso de emanación). El entrelazamiento expresa que todo está interconectado, que todo es UNO. Esta imagen, al estilo de los mandalas de la sabiduría hindú y de la sabiduría del Reiki, representa símbolos espirituales del macrocosmos y del microcosmos que constituyen acumuladores de energía positiva de gran poder. En su seno encierra los cinco sólidos platónicos (Tetraedro, Cubo o Hexaedro, Octaedro, Dodecaedro e Icosaedro).


          Hemos hecho énfasis en este tema del origen del Universo (Seis Entregas) porque sin entenderlo no podríamos aprehender una idea de eso que llaman Dios. Y sin esa idea no podríamos conocernos a nosotros mismos. Veamos la opinión del maestro Joaquín Trincado al respecto:

“¡Eloí! … nombre universal en el que todos los espíritus que van en luz comprenden el infinito completo(…)  es el nombre de nuestro Padre común y universal, que morando en su centro de donde todo lo vibra, está real y por entero en cada uno de nosotros”.

          Como complemento, remitimos al lector a la lectura de las Teorías de Cuerdas y de Súper Cuerdas, así como a la teoría de la Panspermia, las cuales aportan mucha información que facilita la comprensión del proceso de la metafísica de la Emanación de la Substancia Única y nos ayuda a entender que Todo es UNO.

(Próxima Entrega: El Instinto y el Alma Humana)

EL ALMA UNIVERSAL

-Sexta entrega 6/6-

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Germán Bravo

 

IMÁGENES DE LA EMANACIÓN EN LA GEOMETRÍA SAGRADA

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PRIMERA EMANACIÓN

 Emanación de los espíritus particulares

(Esfera sagrada)

 

La esfera representa al Espíritu Universal particularizando a los espíritus, representados en las estrellitas. Al respecto dice la sabiduría antigua (y aun la moderna): El Padre emana chispas divinas de su propio Ser, conocidas como Eones, Fotones o Espíritus.

 

SEGUNDA EMANACIÓN

 Emanación del Éter o Alma Universal

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El Espíritu Universal (esfera de abajo) emana al Éter o Alma Universal (esfera de arriba). La intersección entre ambas esferas representa a la Vésica de Piscis; es decir la presencia de la Luz o Espíritu Universal dentro del Éter; de allí que se le denomine “Éter luminífero”.

TERCERA EMANACIÓN

 Emanación de la Materia Densa

(Tríada Sagrada)

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La imagen representa a todo el proceso de la Emanación. Simboliza el sagrado número Tres, representado en el Espíritu Universal (esfera superior); al Éter o Alma Universal (esfera de la izquierda) y a la materia densa (esfera de la derecha). Obsérvese que las tres esferas están interconectadas, lo cual simboliza la UNIDAD

 

IMAGEN QUE SINTETIZA EL PROCESO DE EMANACIÓN

(El huevo de la vida)

 

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Esta imagen es denomina “El Huevo de la Vida”, la cual encierra la génesis del Universo, más los cuatro elementos, como son el agua, la tierra, el aire y el fuego. La misma encierra en sí varias figuras geométricas, pero resaltaremos tres de ellas por ser las más relevantes a nuestro objetivo.

 

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Este símbolo, constituido por dos triángulos entrelazados, uno que apunta hacia arriba y, el otro, que apunta hacia abajo, dice mudamente: “Como es arriba es abajo”.

          Respecto a este símbolo, dice el maestro Joaquín Trincado: “Si los hombres fueran más intelectuales para poder ser más sabios entenderían la gran Ley Cabalista de los reflejos, que representa la Unidad de los contrarios en el proceso de la Creación (Emanación): como es arriba es abajo, representado en dos triángulos enlazados, formando la estrella de seis puntas, que dice mudamente ´Lo que hay arriba hay abajo´”  (El Espiritismo Estudiado, Cómo se Forma el Espiritismo, p. 19, Párr. 2do.).

Todo lo que existe del Creador abajo es espíritu de su espíritu y nada hay sin espíritu en común porque el Éter, única sustancia que existe, es Espíritu Universal, como pensamiento eterno del Creador”. (Los Extremos se Tocan, N° 689).  Finalmente, presentamos la magna imagen del Cubo de Metatrón, la cual sintetiza gráficamente todo el proceso de la Emanación.

 

EL CUBO DE METATRÓN

 

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Esta imagen condensa toda la sabiduría de la Creación (proceso de emanación). El entrelazamiento expresa que todo está interconectado, que todo es UNO. Esta imagen, al estilo de los mandalas de la sabiduría hindú y de la sabiduría del Reiki, representa símbolos espirituales del macrocosmos y del microcosmos que constituyen acumuladores de energía positiva de gran poder. En su seno encierra los cinco sólidos platónicos (Tetraedro, Cubo o Hexaedro, Octaedro, Dodecaedro e Icosaedro).

          Hemos hecho énfasis en este tema del origen del Universo (Seis Entregas) porque sin entenderlo no podríamos aprehender una idea de eso que llaman Dios. Y sin esa idea no podríamos conocernos a nosotros mismos. Veamos la opinión del maestro Joaquín Trincado al respecto:

“¡Eloí! … nombre universal en el que todos los espíritus que van en luz comprenden el infinito completo(…)  es el nombre de nuestro Padre común y universal, que morando en su centro de donde todo lo vibra, está real y por entero en cada uno de nosotros”.

          Como complemento, remitimos al lector a la lectura de las Teorías de Cuerdas y de Súper Cuerdas, así como a la teoría de la Panspermia, las cuales aportan mucha información que facilita la comprensión del proceso de la metafísica de la Emanación de la Substancia Única y nos ayuda a entender que Todo es UNO.

(Próxima Entrega: El Instinto y el Alma Humana)

El Alma Universal

 

-Quinta parte 5/6-

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Estructura del Alma Universal

Germán Bravo

(Viene del artículo anterior) … Por otra parte, las partículas elementales que conforman el Alma Universal están constituidas por los instintos. Veamos que nos dice el maestro Trincado al respecto.

“ … Esa es su alma, tomada del Alma Universal, el Éter, única substancia de la que toda materia procede y que, por rústica que sea la materia, es siempre Éter, del que cada corpúsculo es un instinto.” (Filosofía Austera Racional, Doctrina Espiritista Racional, Punto Quinto, p. 407, Párr. 2 y 4).

El instinto es la fuerza que determina la vida material, es un grado de la Inteligencia Universal. En virtud de esta característica, el Alma Universal es el principio de la vida; porque todo lo que existe en el Universo tiene vida.

Si bien el Alma Universal o Éter ya era del conocimiento de los antiguos sabios, se atribuyó a Aristóteles el hecho de haber descubierto al Éter, sobre el cual dijo que es la esencia más pura que pueda existir. Ya antes de Aristóteles se habían descubierto los famosos cuatro elementos (Agua, Tierra, Aire y Fuego), a los cuales llamaban “esencias”. En tal sentido, cuando Aristóteles descubre el Éter se dice que descubrió el quinto elemento, “la quinta esencia”; pero no se referían a una esencia de grado quinto, sino al orden en que fue descubierto, respecto a las cuatro esencias anteriores (agua, tierra, aire y fuego). Como Aristóteles había dicho que el Éter es la esencia más pura que pueda existir; en la Edad Media, cuando se está estudiando al Éter, se acuñó el término “Quintaesencial” para referirse a la cosa más pura que pueda existir; pero en ningún caso se refería a una esencia de grado quinto, como erradamente algunos han interpretado; ya que la pureza de una esencia está en sus primeros grados. En todo caso el Alma Universal constituye la segunda esencia de la Substancia Única o Espíritu Universal, ya que la primera esencia corresponde al espíritu, por ser la primera emanación de dicha Substancia Única.

Esta idea de la emanación de la Substancia Única quizá fue vislumbrada por el sacerdote astrofísico Georges Lemaitre, quien fue el primero en proponer la Teoría de la Expansión del Universo, que él había denominado “Hipótesis del Átomo Primigenio” o “El Huevo Cósmico”, la cual fue atribuida de forma incorrecta a Edwin Hubble.

Lemaitre estuvo vinculado con el Esoterismo, de allí las expresiones antes señaladas, con las cuales trató de fundamentar su teoría del origen del Universo, bajo la figura del Big Bang.

Finalmente diremos que este proceso de emanación siempre estuvo en secreto en el Ocultismo bajo el conocimiento de la Geometría Sagrada, representado en figuras esotéricas, sólo reveladas a los iniciados, bajo la concepción de: “El Huevo o semilla de la Vida”, “El Árbol de la Vida” (tradicional en los hebreos), “La Flor de la Vida”, “El Fruto de la Vida” y “El Cubo de Metatrón”; las cuales encierran la Creación del Universo en sus tres emanaciones.

En nuestra próxima Entrega veremos las imágenes con que son representadas por la Geometría Sagrada.

El Alma Universal 

Tercera parte 3/6

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Teoría del Big Bang 

Germán Bravo

La Teoría del Big Bang es la Teoría astronómica más aceptada por la comunidad científica sobre el origen del Universo. La misma está referida a que el Universo se originó debido a una gran explosión (esto es lo que significa Big Bang), como consecuencia de la densidad y alta temperatura de una masa compacta de energía y materia, que dio origen al Universo.

Esta teoría, desde el punto de vista metafísico no tiene ningún fundamento sobre el origen del Universo; ya que la misma parte de un Universo ya existente, lleno de materia sutil, como es el Éter; además del espacio y el tiempo; lo que no existía para ese peculiar momento eran los cuerpos celestes. Quizá esta Teoría parta justamente a partir del momento en que comienzan a generarse los soles, como cuerpos celestes.

Al sostener esta teoría que el Universo se originó de la explosión de una masa condensada energéticamente que llegó adquirir elevadísima temperatura, se está partiendo del supuesto de la existencia de una materia prima que dio origen a dicha masa; es decir, que ya existían los átomos y las moléculas que la formaron. Y si ya existían los átomos y las moléculas, quiere decir que ya existía el Éter, el espacio y el tiempo; es decir, que ya existía el Universo. De manera que esta teoría no tiene fundamento como origen del Universo. Creemos firmemente que esta teoría está referida al origen de los cuerpos celestes y no al origen del Universo. Trataremos de demostrarlo.

El primer cuerpo celeste surgido en el Universo fue un Sol, del cual, mediante una explosión, emanó materia ígnea que dio origen a otro Sol y, éste a otro, y así sucesivamente. Una vez multiplicados suficientemente los soles, éstos, mediante explosiones, comenzaron a emanar de su propio seno materia ígnea para dar lugar a los cuerpos celestes que giran a sus alrededores, formado los sistemas solares. La evidencia de esta teoría la constituye nuestro sistema solar, así como nuestro planeta tierra con su magma, que es el causante del fuego y la materia ígnea que arrojan los volcanes desde el interior de la tierra.

Esta Teoría del Big Bang fue fundada en la primera parte del siglo XX por el astrofísico y sacerdote Georges Henri Joseph Édouard Lemaitre (1894-1966), quien, en virtud de su afición al esoterismo, hablaba del “Huevo Cósmico” y de la “Teoría del Átomo Primigenio”, concepciones propias de la Geometría Sagrada.

En la Época Moderna, Lemaitre fue el primero en proponer la Teoría de la Expansión del Universo que hoy en día se conoce como las leyes de Hubble. Según versiones modernas, aparecidas en el año 2013, el Big Bang (gran explosión) aconteció aproximadamente hace 13.800 millones de años, que supuestamente es la edad del Universo.

Por otra parte, el astrofísico Fred Hoyle, defensor de la Teoría del Estado Estacionario, en oposición al Big Bang, afirmó que en el inicio del Universo no hubo ninguna explosión, ya que, en rigor, el mismo surgió de una singularidad infinitamente pequeña, seguida de la expansión del propio espacio en virtud de la radiación de fondo de microondas que es una forma de radiación electromagnética que llena el Universo infinito, conocida como Éter. Esta es la Teoría del Átomo Primigenio, la cual sostiene que no hubo ninguna explosión, sino una EXPANSIÓN, que es cosa totalmente diferente.

Por su parte, el físico teórico estadounidense, Michio Kaku (1947-actual), especialista destacado de la Teoría de Campo de Cuerdas, ha señalado que el Big Bang no pudo haber sido muy grande y que fue este mismo Big Bang el que generó las dimensiones espacio-tiempo y que tampoco fue exactamente una explosión, en el sentido propio del término, porque no se produjo fuera de sí mismo. Razón tiene Michio Kaku, al sostener que la presunta explosión no pudo ser muy grande, ya que la misma por muy grande que hubiere podido ser era insuficiente para llenar el espacio infinito. Asimismo, también le asiste la razón al decir que con este fenómeno de “explosión” (repulsión) surgieron el espacio y el tiempo.

Finalmente, las investigaciones de tres astrofísicos británicos, conocidos como Stephen Hawking, George F.R. Ellis y Roger Penrose, quienes extendieron la Teoría General de la Relatividad de Einstein, afirmaron que el tiempo y el espacio tuvieron un inicio finito, que corresponde al origen de la materia y la energía. Esta afirmación corrobora la tesis de Michio Kaku de que al surgir la “explosión” (repulsión), simultáneamente surgió el espacio y el tiempo; es decir que tuvieron un origen en el tiempo; esto es, un inicio finito.

En definitiva, dentro de las objeciones que se hacen a la Teoría del Big Bang, está la de que no hubo ninguna explosión, en el sentido propio de la palabra, porque el Universo no es más que el producto de una expansión, ocasionada por una Repulsión Magnética, que fue lo que dio nacimiento al Éter, y con él, al espacio y al tiempo.

El Éter es concebido por la Física actual como un movimiento energético integrado por una materia muy sutil y elástica, también concebida como energía oscura. Esta materia sutil y elástica está constituida por partículas subatómicas, las cuales se caracterizan porque algunas tienen masa y otras no. También porque algunas son simples u homogéneas (denominadas partículas elementales o leptones) y, otras, por estar integradas por otras partículas (subpartículas) pequeñísimas.

Bien, expuesta sintéticamente una idea de lo qué es la Teoría del Big Bang, ahora expondremos la tesis metafísica del origen del Universo, sobre la cual ya hemos adelantado algo, y la asociaremos con esta Teoría.

El Alma Universal

Creación del Universo

-Segunda parte 2/6-

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Germán Bravo

(Viene del artículo anterior) … Por otra parte, el Éter o Alma Universal, como única energía en movimiento que existe, es el principio de la vida; de manera que todo en el Universo tiene vida. Pero como decía Aristóteles, ser el principio de la vida no quiere decir que sea la vida misma, ya que la vida es el Espíritu.

Es importante destacar que a principios del siglo XIX (1808) John Dalton (1766-1844) postuló el primer modelo atómico de bases científicas (Teoría Atómica), sosteniendo que el átomo era la partícula de materia más pequeña que existía; pero posteriormente se demostró que el núcleo del átomo está compuesto por múltiples partículas y que algunas de estas partículas están constituidas por otras partículas más pequeñísimas. Es importante destacar que en el siglo V a.n.e., en la antigua Grecia existió un gran sabio conocido como Anaxágoras de Klazomene (499-428 a.n.e.), quien sostuvo que el Universo se había originado de un conjunto de partículas o semillas, a las cuales denominó “homeomerías”. También sostuvo que dentro de cada una de estas semillas se encontraban partículas de todo lo que existía en el Universo. A estas partículas las denominó “Panspermía”. Con esto nos decía Anaxágoras que en la partícula más pequeña que pueda existir, existe la esencia del Todo. Con esto demostraba Anaxágoras que todo es Uno e indivisible, a pesar de la multiplicidad que vemos. Ya, antes, Pitágoras había dicho “Lo Uno genera lo múltiple, pero lo múltiple está contenido en lo Uno” (En la actualidad la Física ha demostrado que esta Teoría de Anaxágoras es verídica). Esto se conoce en física quántica como holografía. Decía Anaxágoras que estas semillas estaban en un principio confundidas y sin orden; que estaban en un primitivo caos (esto también lo demostró la Física de nuestro tiempo) que sólo pudo ser ordenado por el Nous o Espíritu (La Inteligencia Suprema).

Esta sabiduría de Anaxágoras constituyó el fundamento para que Platón afirmara la heterogeneidad del Alma humana (impureza del alma, en contraposición del espíritu, que es una substancia simple o pura) y, con ello, determinar que la misma estaba integrada en tres partes. Al respecto afirmó: “el alma es una multitud” (De su obra: Fedro).

Por otra parte decía Anaxágoras que la causa del movimiento es el Nous; es decir, el Espíritu, el cual es el principio rector del Universo. Platón y Aristóteles valoraron mucho la teoría del Nous de Anaxágoras y le reprocharon haber hecho un uso muy restringido de ella, ya que el Nous prometía ser la explicación del origen del mundo (Julián Marías: Historia de la Filosofía).

Con esta sabiduría, se pone en evidencia la diferencia que existe entre el Alma y el Espíritu, aunque ontológicamente sean de la misma naturaleza, porque solo una Substancia existe.

Como ya lo hemos mencionado, el Alma Universal tiene la propiedad de dar forma y vida a los cuerpos que integran el infinito Universo. En la actualidad la Física ha demostrado que esta función la hacen los bosones. Dice el maestro Joaquín Trincado: “Éter, única substancia, de la que todo procede … pero el espíritu es de ANTES del Éter, porque éste es el pensamiento del Creador, que todo lo llena (…) Pero el Éter sólo es vida universal sin formas (…) por lo que el Espíritu es la vida misma” (El Espiritismo en su Asiento, Prefacio, p. 24, Párr. 14).

En nuestros tiempos, ha cobrado vigencia la Teoría de Anaxágoras; pues ahora se habla de múltiples partículas subatómicas que integran el núcleo del átomo y que dentro de ellas existen otras partículas pequeñísimas, constituidas de una materia muy especial, denominada Bosones, a las cuales han denominado “La Partícula de Dios” o Bosón de Higgs, en honor a su descubridor, que es la que le proporciona la masa a las partículas para darles forma y mantenerlas unidas estructuralmente. Esta es la materia del Éter o Alma Universal.

Ya hemos visto algo del Alma Universal o Éter, desde el punto de vista material, ahora trataremos de hurgar su aspecto ontológico.

Hablar de la ontología del Alma Universal es hablar de la Creación del Universo, porque el Alma Universal es un fluido que procede directamente del Espíritu Universal, que es lo que llaman “Dios”. He aquí la complejidad. De manera que no es tan sencillo como dicen las religiones que “Dios” creó el mundo “con una varita mágica”: hágase, hágase y hágase. En tal sentido, aparte de los argumentos filosófico-metafísicos que expondremos, estamos obligados a partir de la Astronomía y la Física para hacerlo más inteligible.

Después de 48 años, en la actualidad la Física Quántica ha demostrado las extraordinarias investigaciones realizadas por el eximio científico Peter Ware Higgs (1929-actual). Este sabio postuló la existencia de un campo universal lleno de energía oscura y de bosones, que eran los que hacían que las partículas subatómicas tomaran masa y, asimismo, eran los que determinaban las formas de dichas partículas. Respecto a este campo, decía Higgs que es una especie de telaraña integrado por bosones, que constituye el medio por donde se desplazan las partículas subatómicas que llenan el Universo.

En el año 2013 se logró demostrar las teorías de Higgs en el colisionador de hadrones LHC (Siglas inglesas que significan “Gran Colisionador de Hadrones”) mediante la colisión de protones a la velocidad de luz. En esta colisión apareció el bosón que tanto buscó Higgs, el cual fue bautizado como “El Bosón de Higgs”, en honor a este denodado científico, aún vivo (en la actualidad, al 2019, tiene 90 años). El Bosón de Higgs resultó ser la extraña y escurridiza materia sutil y elástica, tal como la había vislumbrado Higgs.

Por otra parte, también se ha demostrado la existencia de partículas subatómicas que están constituidas por otras partículas más pequeñitas, denominadas quarks y glones.

Antes del 1970 se creía que los protones y los neutrones eran partículas elementales; es decir, partículas puras, que no estaban constituidas por subpartículas en su interior; pero la realidad resultó ser otra; ya que se demostró que sí estaban constituidas por otras partículas mucho más pequeñísimas, con masa y sin masa (Recordemos que esta era la Teoría de Anaxágoras: Homeomerías-Panspermía).

Es importante destacar que aparte del mundo sensible o material, existe el mundo inteligible o espiritual en una UNIDAD INDIVISIBLE. De manera que no existe la multiplicidad que observamos con los sentidos; la cual es pura ilusión, tal como lo sostuvieron Buda y Schopenhauer, porque solo existe una Substancia única, absoluta, infinita, eterna e inmutable. En tal sentido, para referirnos a la “Creación” del Universo; así como del Alma Universal, tenemos que partir de la premisa de la abstracción para poder obtener una idea de su existencia. Pero antes daremos una idea de la Teoría del Big Bang. (Continuaremos en nuestra próxima Entrega).

El Alma Universal

 

Proceso de la Creación del Universo

-Primera parte-

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Germán Bravo

Quizá el contenido de este Tema resulte un poco técnico y dificulte su aprehensión; pero no pudo ser de otra manera, ya que el conocimiento del Alma Universal, también conocida como Éter, es una cosa sumamente compleja de entender porque su naturaleza pertenece a un conocimiento metafísico trascendente, como lo es el proceso de la Emanación, también conocido como “La Creación del Universo”.

Además, conocer el Alma Universal es un conocimiento esencial que ayuda a la comprensión de la naturaleza humana y, por ende, al conocimiento de sí mismo, porque en ella se envuelven nuestros espíritus para poder tomar individualidad y así expresar la voluntad del Creador. Pero, no obstante, trataremos de hacerlo lo más asequible posible. Por otra parte, el maestro Joaquín Trincado nos lo transmite de manera muy dispersa y, en última instancia, lo cataloga de poca importancia al decir: “… la Creación existe, porque existe nuestro mundo y basta” (El Espiritismo Estudiado, p. 96, Párr. 2do.)

Desde muy antiguo el Alma Universal es conocida como Éter. Partiremos del origen etimológico de esta palabra porque nos proporcionará atisbos esenciales de lo que en verdad es el Éter o Alma Universal.

El vocablo éter proviene del griego “aither”, de la raíz indoeuropea aydh, que significa “cielo”, “firmamento”. También, tiene la acepción de “fuego” y “luminosidad”; lo cual ha permitido concebir al Éter como “luz” o “resplandor del cielo”.

Las acepciones de “cielo” y “firmamento” nos transmiten la idea de un espacio infinito en el cual se encuentra esta substancia. Esta idea fue la que utilizaron las religiones para la elaboración de sus dogmas de la Creación del Universo, tal como lo dice el libro bíblico Génesis: “En el principio, creó Dios los cielos …”

Estas acepciones de “resplandor del cielo” y “luminosidad”, encierran la metafísica del Éter, que no es más que la presencia de la luz del Espíritu o Divinidad dentro de él. En virtud de esta peculiaridad, se le ha denominado al Éter: “Éter luminoso” o “Éter luminífero” para significar que es el portador de la Luz Divina. Esta idea está representada en la Geometría Sagrada en la figura de la Vésica de piscis, para expresar la luz durante el proceso de la Emanación o Creación, descrito en el libro Génesis de la siguiente manera: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra (…) y el espíritu de Dios se movía (…) y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz” (Génesis 01:01). Esta descripción del texto bíblico expresa que durante el proceso de la Creación lo primero que Dios “creó” fue el Cielo (el Éter) y conjuntamente con él a la luz, que es el resultado del movimiento del Espíritu o repulsión del Espíritu, que es el primer momento de la Creación (Emanación). Hay que destacar que esta luz es diferente de la luz del Sol, ya que el mismo fue “creado” posteriormente, tal como lo describe el mismo Génesis (véase).

Por otra parte, en cuanto a la expresión del Génesis: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra”, es una mistificación, ya que al decir “Dios creó los cielos” se está refiriendo al Éter y, en todo caso, está en lo cierto; pero cuando se refiere a la tierra se equivoca porque la equipara al planeta tierra; y no es al planeta tierra a que se refiere la emanación, sino a la materia densa, que es cosa diferente; ya que los planetas, incluido la tierra, aparecieron muchísimos siglos después de la aparición del Universo. Pero la religión equiparó a la materia densa al planeta tierra, como centro del Universo; es decir, que la tierra era lo único que existía en el Universo.

Como hemos dicho, esta idea fue tergiversada porque dentro del proceso de la Emanación lo primero que surgió fue el Espíritu, luego el Éter (cielo) y, finalmente, la materia densa. Estas tres emanaciones es lo que constituye el proceso de la emanación o “Creación”, denominado en el esoterismo como La Trinidad Sagrada.

Pero el exabrupto continúa. Dice el Génesis que la tierra (se refiere al planeta) estaba constituida únicamente por agua (obsérvese que no existía el elemento tierra, tal como lo conocemos); luego dijo “Dios” que hubiera expansión en medio de las aguas para formar el cielo (dentro del planeta tierra). También dijo que las aguas que habían quedado debajo del cielo, que se separarán para que se formara lo seco y, a esto seco, lo llamó tierra (obsérvese la incongruencia) y a las aguas restantes las denominó mares. Finalmente, para que se viera bonita su obra colocó dentro de ella a la luna, el Sol y unos luceritos para que la alumbraran de noche, conjuntamente con la luna (estos luceritos son los puntos luminosos que vemos en el espacio, que no son más que los cuerpos celestes y demás planetas que integran el infinito Universo). En definitiva, esta creación religiosa es absurda porque los planetas que integran el infinito Universo aparecieron muchísimos siglos después de la “Creación” (Emanación) del Universo. Aún más, si “Dios” creó el cielo ¿Dónde vivía él antes, si el cielo no existía?

Este proceso se denomina en la Geometría Sagrada: La Tríada Sagrada.

Al respecto el maestro Joaquín Trincado nos dice lo siguiente: “El Espíritu Universal es el mismo Creador” (Conócete a ti Mismo, p. 67, Párr. 1ro.). “El Autor de la creación ha llenado el infinito de la sustancia única que es el Éter” (El Espiritismo en su Asiento, Lo que Abarca el Espiritismo, p. 37, Párr. 2do.). “El Espíritu está dentro del Éter conformando su Esencia” (El Espiritismo Estudiado, p. 101-102). “Si quisiéramos ver ambas entidades separadas nos sería imposible, porque nos encontraríamos que en todo donde examináramos veríamos el Éter llenándolo todo, y quiera y no, EL ESPÍRITU DENTRO DE ÉL” (El Espiritismo Estudiado, Todo el Progreso es del Espiritismo, p. 101, Párr. 15).

Independientemente de las acepciones de “cielo” y “luz”, el Éter o Alma Universal, está constituida por una energía o materia sutil y elástica en constante vibración, que la Física Quántica conoce como “Energía oscura” y “bosones” que llenan el espacio infinito (“Bosón de Higgs”, en honor a su descubridor Peter Higgs). Asimismo, el científico Frank Klose explica la equivalencia entre el Campo de Higgs y el Éter, donde concluye que el Éter está integrado absolutamente por campos de Higgs.

Si bien la Física ha descubierto algo de esta materia sutil, no obstante su complejidad estructural aún está en investigación.

Desde muy antiguo se tiene conocimiento de la existencia de esta materia sutil y elástica llamada Alma Universal o Éter, que por el hecho de ser tan sutil y pura, las religiones la llamaron “La Nada”, sobre la cual aducen que Dios creó al Mundo. Claro, el Éter es la materia prima que mediante un proceso natural se fue condensando para dar lugar a todas las cosas que integran el infinito Universo, bajo la dirección de la Inteligencia Universal y la acción de los espíritus naturales y elementales.

En un principio, el Alma Universal o Éter parecía un caos (así también las religiones denominaban al Éter) porque las partículas subatómicas que la conforman estaban disgregadas y no podían formarse los átomos; pero con el transcurrir de los siglos y en virtud de leyes naturales fueron uniéndose organizadamente para dar lugar a los átomos, luego a las moléculas y, finalmente, a todas las cosas que existen en el Universo.

(Continuaremos en nuestra próxima entrega: Proceso de la Creación II).

La Naturaleza Humana

-Cuarta y última parte 4/4-

Conocimiento Teológico

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Germán Bravo

…(Viene del artículo anterior). En cuanto a conocer el Alma y el Espíritu mediante la Teología, es tiempo perdido, porque los teólogos difunden el pensamiento tergiversado por la Iglesia cristiana, sobre todo por Santo Tomás de Aquino. De manera, que la educación primaria oficial, donde imperaba la obligatoriedad del conocimiento religioso, produjo una gran alienación en los niños del pasado que hoy en día son los adultos que no tienen idea de lo que en verdad es el Alma y el Espíritu.

En definitiva, esta alienación se constituyó en un gran obstáculo para que el hombre se conociera a sí mismo. En la actualidad, esta situación ha causado que muchísimos “intelectuales”, científicos y educadores cataloguen la concepción del Alma y del Espíritu como un conocimiento místico, propio de personas incultas. En tal sentido, el conocimiento del Alma y del Espíritu ha sido objeto de un gran desprestigio que ha ocasionado que una gran parte de la humanidad desconozca a estas entidades, lo cual trae como consecuencia un atraso en la evolución espiritual de los seres humanos, sobre todo del mundo occidental; pero como ya están los tiempos cumplidos la difusión espiritual verdadera está en acción y es indetenible.

Este ostracismo intelectual del Alma y del Espíritu, ha traído como consecuencia que una buena parte de la humanidad crea que su yo es el cuerpo físico; cuando su verdadero yo es su espíritu (EL Súper Yo), como una “parte” de “Dios”, he aquí la enajenación. Mucha razón tuvo Karl Marx al decir: “La religión es el opio de los pueblos porque aliena las conciencias”. Por otra parte, estas personas enajenadas creen que la vida es una y que con la “muerte” se acabó todo, incluidos el alma y el espíritu. Este es el pensamiento de una buena parte de la humanidad.

Este deficiente conocimiento de sí mismo conduce al hombre a creer que su cuerpo es su yo; no saben que dentro de su ser mora un Súper Yo que es el que determina su destino (Determinismo Divino), que consiste en que todos los seres humanos tenemos que sublimar nuestras almas para que se produzca la eclosión de “Dios” en nosotros; pero sus falsas creencias no les permite concebir este ineluctable proceso.

Este es el gran secreto que está oculto en la naturaleza humana: ¡”Dios” mora en las almas de los seres humanos! representado en nuestros espíritus, tal como lo sostiene el maestro Joaquín Trincado Matheo cuando dice:

“¡Y … busca el hombre al Creador, a su causa, fuera de sí mismo, radicando en él en parte y por entero! Conócete a ti mismo, hombre y conocerás al Creador en tu mismo ser…” (Conócete a ti Mismo, Naturaleza del Espíritu, p. 53, Párr. 3ro.).

“… Por esto es error, ignorancia y malicia, buscar al Creador en lo abstracto, viviendo, porque VIVE EN TODA SU GRANDEZA, DENTRO DE CADA HOMBRE.” (Los Extremos se Tocan, Capítulo Segundo, Leyes Fatales, p. 35-36, N° 24).

Esta idea también la encontramos en las Escrituras bíblicas, cuando dicen:

“No está escrito en vuestra ley: Yo dije, dioses sois” (Juan 10:34). “… Nunca habéis oído su voz, ni habéis visto su aspecto, ni tenéis su palabra morando en vosotros…” (Juan 05:37-38).

Para poder poner en acto a “Dios” hay que purificar o sublimar nuestras almas para que nuestros espíritus puedan eclosionar y actuar eficientemente y así manifestar la presencia de “Dios” en los seres humanos, lo cual se concreta con la manifestación del Bien, la Justicia y el Amor.

Conociendo el hombre la naturaleza humana puede entender de dónde viene, por qué está en este mundo y adónde va después de la muerte. Este conocimiento le da fortaleza para vivir y le proporciona salud y felicidad.

El hombre que desconoce la espiritualidad no puede conocerse a sí mismo; ya que está imbuido en falsos valores y en la mentira; esto le traerá como consecuencia que abuse de los placeres de la carne y que cometa muchos errores y, posteriormente, acudirá al dios de su religión para que lo perdone; pero esto no funciona así; porque sobre los dioses religiosos están la Ley de Acción y Reacción y la Ley de Justicia Divina, que es el verdadero “Dios”. Esta situación de ignorancia le causará mucho dolor y sufrimiento, el cual padecerá en existencias posteriores y, aun, en la presente existencia. Pero en definitiva será un bien para su alma porque así funciona el progreso espiritual: ¡No hay mal que por bien no venga! Así lo concibe el maestro Trincado, cuando dice: “Aquellos males os hacen apreciar los bienes eternos” (Conócete a ti Mismo, Párrafo V, Obras del Espíritu, p. 66).

El final de este proceso dialéctico los hindúes llamaron Nirvana, los hebreos Tikkún; el Gnosticismo Apocatástasis Panton; Aristóteles Entelequia, Hegel Aufhebung, Nietzsche Súper Hombre, o como dice el texto bíblico: “… sabe Dios que el día que comáis de él (del fruto del Árbol de la ciencia) serán abiertos vuestros ojos y seréis como Dios…” (Génesis 03:05).

En otras palabras, no es más que la purificación del alma o dominio de los instintos que se logra con el conocimiento y una enérgica voluntad.

Con lo antes dicho se nos facilita entender la expresión de Heráclito: “El eterno retorno”; así como la parábola del maestro Jesús de Nazareth: “Los últimos serán los primeros”.

Lo que diferencia al hombre de los animales es precisamente lo humano, porque aparte de tener el hombre un alma, que es común con los animales, tenemos un espíritu, que los animales no tienen.

Es importante traer a colación la profecía de Abraham que dice: “Y los siglos serán treinta y seis desde que escribiré mi Ley hasta que la tierra lo sabrá y de este siglo mis hijos serán de luz porque verán la luz del Padre que les darán mis espíritus”. (Cláusulas Decimoquinta y Decimosexta).

Esta profecía se cumplió dentro del período de los siglos XVIII-XIX de nuestra Era, que con mucha “coincidencia” el hombre profano denominó “Siglo de las Luces”, en el cual proliferaron las ciencias, las artes y la filosofía y, como corona, surgió la Doctrina del Espiritismo con los maestros Allan Kardec y Joaquín Trincado Matheo, tal como lo habían profetizado Abraham e Isaías, sintetizado en la máxima: “Y reinarán en tus tiempos la sabiduría y las ciencias” (Is. 33:06).

(Próxima entrega: El Alma Universal I, Proceso de la Creación)

La Naturaleza Humana

-Tercera parte 3/4-

La Caída del Alma

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Germán Bravo

(Viene del anterior) … Dice el Cristianismo que estaba Dios con sus ángeles en el cielo y que uno de esos ángeles, llamado Luzbel o Lucifer, que había sido creado luminoso, hermoso y perfecto (todos los espíritus son así porque proceden directamente de “Dios”); este ángel se rebeló contra Dios y como consecuencia de esta rebelación, Dios lo denominó Satán (satán significa adversario) y lo desterró al infierno (de infernus, que significa inferior). En definitiva éste ángel se convirtió en el principal adversario de “Dios” y, quizá, con mayor poder que él porque el mundo está dominado por el mal, y “Dios” no lo ha podido evitar. De manera que la característica de “todopoderoso” de Dios queda en entredicho, ya que él no sabía que esto iba a suceder y, peor aún, hasta el presente no lo ha podido solucionar.

La tergiversación consiste en lo siguiente: cuando el Cristianismo dice que estaba Dios con sus ángeles en el cielo, esto no es más que la primera emanación del Espíritu Universal o “Dios”, del cual emanaron chispas divinas de su propio seno que no son más que los espíritus como seres luminosos y perfectos. Respecto al ángel rebelde Luzbel o Lucifer, éste es tomado como modelo de uno de los espíritus emanados, cuya etimología de su nombre procede del latín lux, que significa ‘luz’; y fero, que significa ‘llevar’; lo cual se traduce como “El que lleva la luz”, “El Portador de la Luz”, que no es más que el espíritu, como chispa Divina. De manera que Luzbel o Lucifer significa “Luz bella” (Al respecto, hemos escrito un folleto titulado La Verdad sobre los Ángeles).

Esta figura tergiversada por el Cristianismo era lo que en la antigüedad se conocía como “La caída de las chispas de luz”; y que modernamente Hegel denominó “El hundimiento del espíritu en la naturaleza”; que no es otra cosa que los espíritus como voluntad ejecutora del Creador para la demostración de la vida.

Como ya lo hemos expuesto, esta mistificación es la tergiversación de la emanación directa de los espíritus de la Substancia Única o Espíritu Universal. Nos dice esta “teoría” que solo existe una Substancia de la cual emanó todo lo que existe en el Universo. En primer lugar emanaron los espíritus como chispas Divinas, las cuales para poder tomar individualidad tuvieron que envolverse en el Alma Universal, que es la segunda emanación conformada por los instintos de la Naturaleza. Al envolverse los espíritus en el Alma Universal éstos adquirieron individualidad porque unas de las funciones del Alma Universal es dar forma a los cuerpos y, en virtud que ella está conformada por todos los instintos, sobre todo los de los animales, el Cristianismo creó una perversa figura, convirtiendo a Luzbel o Lucifer en un ser con forma humana, peludo en todo su cuerpo, con cuernos, orejas puntiagudas, colmillos grandes, garras, patas de cabra, rabo y alas membranosas, y le dio el nombre de Satán, que significa adversario, y lo desterró al infierno; es decir, a un mundo inferior o primitivo, donde Satán montó su centro de operaciones. Así fue como nació el invento del Diablo, Satanás o Demonio, que no es más que la representación de la naturaleza del hombre; pero que al final recobraría su verdadera identidad volviéndose a convertir en ángel de luz, tal como lo asevera el texto bíblico, cuando dice: “Satanás se transforma en ángel de luz” (Segundo libro de Corintios 11:14). Esto no solo lo hace Satanás, sino todos los espíritus, ya que es la culminación del proceso dialéctico conocido en diversas culturas como el Nirvana, el Eterno Retorno, la Entelequia, la Apocatástasis Panton, el Aufhebung, etc.

Dentro de las tergiversaciones que hizo la Iglesia Católica a las Escrituras se le escapó este importantísimo pasaje: “Satanás se transforma en ángel de luz”; pero el Protestantismo, viendo su gran importancia trató de tergiversarlo; en sus traducciones de la Biblia lo traduce como “Satanás se disfraza de ángel de luz”. Como se puede observar, es una “interpretación” absolutamente mal intencionada; pero muy cándida cognoscitivamente, ya que “transformarse” es absolutamente diferente de “disfrazarse”; pues, si aplicamos una interpretación literal, tenemos que “transformar” significa cambiar de una forma a otra de manera definitiva, así como cuando la crisálida se transforma de gusano en mariposa ya no vuelve a ser gusano; mientras que “disfrazarse” significa que la persona oculta su aspecto real temporalmente, y que cuando se quita el disfraz revela que es exactamente la misma persona; es decir, que no hay transformación. De manera que Satanás sigue siendo Satanás por toda la eternidad; pero, precisamente, esto es lo que quieren las religiones para atemorizar a sus creyentes.

Aparte del exabrupto, tenemos una contradicción en la Biblia (hay muchas) ¿Pero no y que la Biblia es un libro infalible dictado por Dios? Esta es una de las tantas falsedades impuestas por el Cristianismo, tanto de católicos como de protestantes, ya que son de la misma ralea.

En definitiva, la figura de Luzbel o Lucifer (luz bella) se refiere al espíritu en su origen antes de envolverse en el Alma Universal. Y el constructo animalizado realizado por el Cristianismo para referirse a Luzbel convertido en Demonio, se refiere al alma en que está envuelto el espíritu, ya que la misma está integrada por todos los instintos de la Naturaleza, sobre todo los de los animales. Esta idea la representó Moisés en el arca de Noé; donde el Arca representa al cuerpo del hombre, los animales al alma, y Noé, el director del Arca, al espíritu.

En cuanto a la concepción del Espíritu, el Cristianismo lo ha difundido como una cosa satánica. Es tal la perversidad e ignorancia, que “desconocen” el axioma pronunciado por Jesús de Nazareth, transcrito en el Evangelio de Juan, Capítulo 04, Versículo 24, donde se lee claramente: “Dios es Espíritu”. Pero a tal perversidad, deberían estar preocupados por las siguientes sentencias:

“Por tanto os digo: Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; mas la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada” (Mateo 12:31).

“Juicio sin misericordia será hecho a todo aquel que no tuvo misericordia” (Santiago 02:13).

Después de la nefasta Edad Media, sólo unos pocos filósofos, a nivel mundial, pudieron obtener un conocimiento veraz acerca del Alma y del Espíritu, entre ellos, el contemporáneo Max Scheler (1874-1928) quien aseveró lo siguiente:

“Lo que distingue al hombre de los animales no es la memoria asociativa ni la inteligencia práctica, ni siquiera el alma que es común a todos los entes, sino el Espíritu, el cual es la parte superior del psiquismo. (…) El Espíritu logra influir en el hombre sólo en cuanto se ponen a su servicio los impulsos instintivos”

(Carlos Ferrater Mora: Diccionario de Filosofía).

Continuaremos en nuestra próxima Entrega.

La Naturaleza Humana

-Segunda Parte-

Conocimiento del cuerpo físico

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Germán Bravo

(Viene del anterior) ….. En cuanto a que el cuerpo físico es la entidad primeramente conocida no quiere decir que sea fácil su conocimiento, ya que el cuerpo humano posee un conjunto de células, órganos y procesos biológicos y psíquicos cuyo conocimiento es propio de biólogos, médicos, psiquiatras y psicólogos.

Por otra parte, la facilidad relativa de conocer el cuerpo humano radica en que el mismo está incorporado como unidad curricular en los estudios oficiales de Educación Secundaria (Bachillerato). Esta situación facilita un conocimiento elemental de lo qué es el cuerpo humano. Además, para los que no pudieron hacer estudios de Secundaria, también adquieren algún conocimiento del tema por una especie de ósmosis, dada la influencia social.

En el Pénsum de Bachillerato encontramos Unidades Curriculares como la Biología, la cual en sus múltiples temas se encuentra el cuerpo humano y sus componentes, como son las células, los huesos, los tejidos, los órganos, el cerebro, las glándulas y sus hormonas, los ojos, los oídos, el olfato, etc., etc., que proporcionan un conocimiento elemental sobre qué es el cuerpo humano; pero su fisiología y psiquismo es un conocimiento especializado que hay que adquirirlo a nivel de educación superior, en las carreras de Medicina y Psicología, entre otras.

Si bien tenemos la facilidad de adquirir un conocimiento elemental del cuerpo físico, porque forma parte del estudio básico formal, no sucede así con el conocimiento del alma y del espíritu; ya que este conocimiento sólo puede adquirirse en educación superior en las carreras de Filosofía y Teología; es decir, que no todo el mundo puede acceder a este conocimiento. Esta es la razón por la cual una buena parte de la humanidad no conozca el alma ni al espíritu en su verdadera naturaleza; ya que el conocimiento que poseen es el conocimiento que les proporciona la religión.

Por otra parte, el conocimiento sobre el alma y el espíritu que se adquiere en las universidades, en las carreras de Filosofía y Teología, no tiene mucha veracidad ya que el mismo, en su mayor parte, está basado en obras cuyo contenido está basado en el pensamiento dogmático de las religiones, sobre todo del Cristianismo; aunado al prejuicio de muchísimos docentes, que se identifican con la religiosidad.

Si bien en las obras de los sabios y filósofos de las antiguas culturas orientales y griega estaba bastante claro el conocimiento del Alma y del Espíritu, las mismas fueron prohibidas y quemadas por el Cristianismo y sus difusores, también quemados vivos en la hoguera por la Santa Inquisición. Este ha sido el gran obstáculo que ha impedido que la humanidad conozca al Alma y el Espíritu y, de allí, la división del Mundo Oriental y el Mundo Occidental, como culturas totalmente diferentes.

Desde los primeros siglos de nuestra Era, el Cristianismo con la Patrística y, luego con Santo Tomás de Aquino, desfiguraron todo el conocimiento acerca de estas entidades y, sobre todo, de “Dios”. Tomás de Aquino desfiguró la obra de Aristóteles; así como de la de su correligionario San Agustín, quien en sus orígenes no era cristiano, ya que procedía de África. Agustín en su interpretación de Platón, llegó a afirmar lo siguiente:

Como el hombre es imagen de Dios, Dios se encuentra como en un espejo, en la intimidad de su alma. (…) Cuando el hombre entra en sí mismo descubre la Divinidad

(De su obra: La Ciudad de Dios).

Esta concepción de Agustín es fidedigna interpretación de la filosofía de Platón, quien afirmó que la Divinidad o Espíritu mora en las almas de los seres humanos; lo cual pone en evidencia que Alma y Espíritu son entidades diferentes. Al respecto había dicho Platón que la Divinidad, representada en el Nous o espíritu, se encuentra dentro del alma humana, conformando su parte superior; por ello es que San Agustín dice que el alma es la realidad íntima del hombre como imagen de “Dios”.

De esta afirmación de Platón, en virtud de su mala interpretación, surgió la identidad del Espíritu y el Alma; es decir, se llegó a afirmar que Alma y Espíritu eran la misma cosa. Por otra parte, otros que sostenían que eran entidades diferentes, llegaron a subordinar el Espíritu al Alma. Pero no es así, ya que las principales culturas del mundo siempre se diferenciaron entre Alma y Espíritu y que el Alma constituía un efecto del Espíritu.

Platón muy claramente decía que el Nous (el espíritu como una parte de la Divinidad) forma parte integrante del alma humana y que es la parte superior de ella; es decir, son entidades diferentes y el espíritu es la parte superior. El problema radica en que el espíritu (Nous) para poder tomar forma o individualidad tiene que envolverse en el Alma Universal, la cual está integrada por los instintos de los tres reinos de la Naturaleza. De manera que esta unidad está conformada por instinto más espíritu; es decir, alma y espíritu; cuya misión del espíritu es sublimar o purificar estos instintos para poderse manifestar eficientemente. Todo esto lo encontramos en las culturas orientales antiguas; pero, modernamente, lo encontramos depurado y con lujo de detalles en la Doctrina del Espiritismo.

Este proceso Platón lo denominó “La Caída del alma”; pero realmente no es la caída del alma sino la caída del espíritu.

Para demostrar que es la caída del espíritu y no del alma, describiremos la versión tergiversada del Cristianismo, conocida como la rebelión de Luzbel o Lucifer; que si bien constituye una deturpación de esta gran sabiduría; no obstante evidencia que la caída es del espíritu y no del alma; pero esto lo haremos en nuestra próxima Entrega.